Transformando materias primas en un bien para el uso de todos: los procesos discretos y continuos

Cada producto que pasa por nuestras manos, bien sea un sobre de azúcar, una pieza decorativa, un dispositivo electrónico o la vestimenta que llevamos, ha pasado por un proceso de transformación, una serie de materias primas se han convertido en un bien que podemos usar. Independientemente del proceso, sea corto o largo, por el que haya pasado, todos en su contexto son de gran utilidad para la sociedad.

Los procesos necesarios para convertir estas materias primas en elementos de consumo pueden ser categorizados, en procesos discretos y continuos.

Los procesos discretos son aquellos que parten de una materia prima ya transformada, hacen parte de un componente unitario o se ensamblan con otros elementos para crear un producto directamente consumible; un ejemplo es el caso de la industria de la automoción donde se pueden encontrar componentes como barras o chapas de acero que los fabricantes utilizan para ensamblar automóviles. Estos procesos suelen ser generalmente cortos y en donde la repetitividad, productividad y calidad deben estar aseguradas.

Por su parte los procesos continuos son en los que se transforman elementos por medio de reacciones químicas y separaciones físicas; son materias primas extraídas de la naturaleza y que mediante procesos discretos, luego se convertirán en bienes de consumo. Algunos buenos ejemplos de los procesos continuos se encuentran en las refinerías, donde se transforman crudos en gasolina o energía eléctrica; las plantas petroquímicas, donde mediante derivados del petróleo se pueden obtener plásticos; y las plantas azucareras, donde se pueden obtener azúcares refinados a partir de remolachas.

En los procesos continuos, se asegura en la gran mayoría de casos, la calidad y uniformidad del producto final, sin embargo no estan exentos de algunas dificultades en el proceso de transformación debido a varios factores como la variabilidad en las características de la materia prima que entra, retardos en observar el efecto de un cambio sobre las salidas, sostenibilidad con respecto al correcto uso de los recursos y la minimización de impactos, mal funcionamiento de alguna unidad de proceso y la seguridad de los equipos y las personas.

Ahora bien, en lo que respecta al impacto que la transformación digital tiene sobre estos procesos es importante resaltar el papel que cumple la IT (Information Technologies) y la OT (Operation Technologies), que son claves para el éxito de los proyectos. Sobre estos dos ámbitos vale aclarar; un perfil OT es capaz de dar soluciones creativas que sirvan para mejorar la productividad, mientras que un perfil IT propone la arquitectura que se acerque más al estándar y responda a un ciclo de vida gestionable. En otras palabras el ámbito OT responde a “el qué” y el ámbito IT responde a “el cómo”. Tecnalia, por su parte, apoya la realización y evolución de estos procesos que dentro de la revolución de la industria 4.0 que estamos viviendo, son claves para el crecimiento y estabilidad de las empresas hoy en día.

Por consiguiente, si bien nuestra experiencia en Tecnalia va más de la mano de procesos discretos, pues constituyen más de cerca el tejido industrial, la posibilidad de desarrollar iniciativas tecnológicas para los procesos continuos no esta descartada y representan una gran oportunidad, sobre todo alrededor del ámbito de la analítica de datos de operación y mantenimiento, soportadas en arquitecturas big data e IIoT (Industrial Internet of Things) que ayuden a medir las variables para poder enfrentar los retos de la transformación de las materias primas.

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